Una de mis metas en la vida, desde joven fue, ser un buen padre, no el mejor, no el más amado, solamente un buen padre. Aquel con el que su hijo desee pasar tiempo, aquel con el que su hijo quiera jugar fútbol, aprender a andar en bicicleta. Y que llegada una edad adulta de él, pueda recordarlo con cariño, todas esas cosas, todos esos momentos juntos. Por lo menos yo así lo hubiese querido con mi padre.
Hoy día, me inunda la tristeza y lamento mucho escribir esto, porque en realidad me duele que esté aconteciendo. Me siento fatal, veo muy lejana esa meta, mi hijo, mi pequeño, lo veo tan lejano a mí. Siento el alma cansada, agotada.
En realidad, estoy algo cansado.